Best-seller

17/12/14

Si escribiera una novela romántica con nosotros de protagonistas, sería un best-seller.

Cuando los «me gustas» se convierten en «te quiero», parte II

12/12/14

Te conocí en enero.
Me enamoré en febrero.
Te dejé en marzo.
Y volvimos en abril.
Te dejé en mayo.
En junio, julio y agosto me arrepentí.
Te escribí en septiembre.
Te prometí mi amor en octubre.
Y ya estamos en diciembre,
cumpliendo dos meses.

Pero para mí,
ni dos vidas me serían suficiente.
Para decirte todos los días:
TE AMO.


A ti, Jorge.
Mi Jorge.

Con los ojos llenos de legañas y de felicidad

4/11/14

Es increíble, o por lo menos a mí me lo parece, cómo el amor puede convertir algo tan sencillo y rutinario como despertarse por las mañanas en algo tan precioso y placentero (si se hace al lado de la persona amada). Es algo que todas las parejas, una vez superado cierto número de meses o de años, dejan de valorar. Pero que parejas, por ejemplo, que están separadas por kilómetros de tierra y mar, aprecian y anhelan. Es aún más duro cuando conoces el sentimiento y te es arrebatado, de manera que despiertas sola en una cama de matrimonio sin nadie que te bese tiernamente los labios y te dé el primer y más importante "buenos días" de tu día. Porque sales del edificio y el conserje te da los buenos días, llegas al trabajo y tus compañeros te dan los buenos días, pero ninguno es tan importante como el de la persona que te acaricia el pelo hasta que te quedas profundamente dormida para luego encontrar el lugar perfecto donde hacerte cosquillas y despertarte de buen humor. Porque es lo bueno de estar enamorados, que cualquier cosa te hace estar de buen humor, incluso llegar tarde al trabajo porque decidiste quedarte unos minutos más en la cama, haciendo vete tú a saber qué, con la persona que amas. 

Dormir al lado de tu pareja: soportar que hable en sueños, que ronque, que dé patadas, que no se esté quieta, etc. Parece que todo son inconvenientes cuando en realidad, tener a una persona que te acompañe por las noches dándote cariño, protección, seguridad, calor, es el mejor de los sentimientos y no algo de lo que quejarse con las compañeras de trabajo en la hora del almuerzo.

Es por eso que cuando nos despertamos después de haber dormido abrazados a nuestra pareja, nos despertamos con los ojos llenos de legañas, pero también de felicidad. Y nada importa, solo ser feliz unos minutos más.

Carretera y manta

24/9/14


Carretera y manta, cómo me gusta esa expresión!
Carretera y manta, cómo me gusta esa sensación!
Frío en la cara, frío en las manos, frío en los pies.
Cansancio en la cara, cansancio en las manos, cansancio en los pies.
Sonrisa en la cara, dedos entrelazados, calcetines de algodón sentados en el asiento trasero de un furgón.
La noche avanza, las luces se apagan, sale el sol.
Hacemos una parada, comemos un montón, dormimos un rato y de nuevo al furgón.
Aparecen las señales, se acerca nuestro destino, a un día de nuestro sino.
Música en los oídos.
Pasan las horas, no hay palabras, reina el silencio.
Atardecer naranja, nubes rojas, lluvia fresca, tierra mojada, charcos de agua, bostezos al cielo.
Camino estrecho, baches incómodos, barro en las ruedas, parada obligatoria.
Caricias bajo la manta, sonrisas en el alma, manos apretadas, pies calientes, sentados en el asiento delantero del furgón.
Amanecer azul, cielo despejado, tierra seca, ruedas limpias.
Pocos kilómetros, estamos llegando, mariposas en el estómago.
Olor a comida, restaurantes cercas, casas con jardín.
Niños juegan, madres gritan, padres duermen, la vida pasa.
Queda menos, me duele el cuerpo, quiero bajarme y caminar.
No quedan sonrisas, solo cansancio.
Cansancio en la cara, cansancio en las manos, cansancio en los pies.
Ya no quiero seguir caminando.
Carretera y manta, ya no me gusta esa expresión.
Carretera y manta, caminando llegamos al frontón.
Puerta de roble, ventanas de acero.
Hemos llegado, es nuestro hogar.
Carretera y manta, nunca más!
Carretera y manta, ya no hará falta!

Las 12 horas que nos separan

23/9/14


Con la emoción del primer encuentro y con la seguridad de que su amor no se ha desvanecido con el tiempo, se arregla el pelo frente al espejo. Una, dos, hasta tres vueltas para comprobar que el vestido no le hace arrugas, que el escote está en su sitio y los pendientes no se han caído por el peso, miró una vez más su teléfono: las 20:01 eso significaba que el avión ya sobrevolaba el cielo de su ciudad, tras doce horas interminables, estaban a menos de 10 minutos el uno del otro.

Se aclara la garganta, carraspea y tose, el aire acondicionado del avión estaba muy fuerte. Se agarra del asiento y reza sin darse cuenta. También está nervioso por el encuentro pero tiene más miedo del avión que por fin aterriza y se para. Las luces se encienden, algunos aplauden, la gente se levanta, el pasillo se colapsa, las azafatas intentan poner orden, la gente sigue amontonándose en los pasillos, quieren salir, de pronto se forma el caos y se abren las puertas. Él permanece en su asiento, espera paciente a ser de los últimos en bajarse aunque posiblemente es el que más prisa llevaba por bajarse. 

Empiezan a salir los pasajeros del vuelo que llevaba esperando, una espera muy larga, el sudor se acumula y mancha el vestido, siente miedo de que la primera impresión sea esa, no quiere oler mal, se intenta calmar y respira hondo. A lo lejos hay una silueta parecida a la de la persona que espera, a medida que se acerca la silueta tiene rostro y ella se decepciona, no era él. Más gente, él no llega, "y si...", no, él dijo que vendría. 

La maleta no sale, espera que no se la hayan perdido, ahí llevaba todo lo que necesitaba para el viaje y un regalo especial de su tierra para la mujer que lo estaba esperando. Por fin aparece una maleta verde césped, su maleta. La coge, la inspecciona, es esa, se decide a salir pero se para en seco, busca en su bolsillo un paquete de chicles, no quiere que la primera impresión sea esa, se mete la camisa dentro del pantalón, algunos lo miran extrañados, se peina con los dedos y respira hondo.

Son las 20:23 y aun no sale, piensa que ya no queda nadie de ese vuelo, que nunca llegó a subirse al avión, pero decide esperar un poco más mientras ve otras parejas besarse y abrazarse. Finalmente las puertas se abren y la pillan con la mirada baja, desatenta, cansada y la vuelve a subir cuando nota una presencia frente a ella. Se toma unos segundos asegurarse de que es él, ya había perdido la esperanza, es mucho más delgado en persona, tiene cara de cansado, está guapísimo, le beso o le abrazo?

Parece como si no se alegrara de verme, quizá debería de haberle escrito que ya había aterrizado o llamarla por su nombre en vez de acercarme tan sigilosamente, se entristece y rompe su sonrisa. Ella le mira, me mira, se miran, se gustan, se sonríen, se abrazan, se toman de las manos, se vuelven a mirar, se vuelven a sonreír, se vuelven a abrazar y se guardan lo mejor para otro momento.

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Minirelato escrito sin pensar mucho, en el momento, sin corregir, sin parar a pensar en la puntuación o en la coherencia, simplemente escribir como me nacía en este momento. Espero que os haya gustado.

La despedida

16/7/14

No quiero,
que pienses que te he olvidado,
solo porque
no te haya hablado.

Ha sido un tiempo,
en el que hemos reflexionado,
sobre sentimientos
y cosas que nos han pasado.

El silencio se ha hecho,
más largo de lo esperado.
Pero para nada te he olvidado.

Creo que seguir separados,
digo, como si alguna vez
hubiésemos estado pegados,
es lo mejor para ambos.

Conocerte ha sido
simplemente extraordinario.
Llegaste en un momento del todo
inesperado.

Tu amor,
de sobra me lo has demostrado.
Espero yo no haber hecho,
lo contrario.

Me amas,
te amo.

Separados por agua y
tierra, pero nunca por un enfado.

Eres lo más parecido a un cuento
de princesas.
Pero tú serás el príncipe
de otro reino lejano.
Y yo seré la princesa del
Reino Solitario.

Hasta siempre.
Lo sé,
lo siento.
A veces se me olvida,
que tú me quisiste,
más de lo que yo me he querido
en mi vida.

Porque el amor tiene que vencer

10/5/14

Quiero hacerte el amor lentamente. Quiero que digas orgulloso: esta es mi novia, déjenme se las presente. Quiero que me mires a los ojos y encuentres en ellos el amor que te mereces. Quiero que sientas conmigo que no necesitas a nadie más. Que yo soy tuya, que tú eres mío, ¡que el mundo da igual! Quiero que no importen las barreras que a nuestro amor se interponen. Quiero que las destruyamos con besos y canciones. Quiero que sepas que no importa lo lejos que estés, ¡cómo si a otro planeta me tengo que mover! Pero tú y yo estaremos juntos porque el amor tiene que vencer.

Clichés

12/4/14


- Es algo entre ella y yo -dijo mirando fijamente a la persona que había interrumpido nuestra conversación para preguntar de qué hablábamos.

Su forma brusca y seca, algo borde y su mirada de "no te metas donde no te llaman" me heló la piel. No me heló la piel porque me hubiera sentido amenazada, me heló la piel porque entendí porqué lo había hecho, entendí porqué había reaccionado de esa manera. Lo había hecho porque, a pesar de que nuestra conversación no versaba sobre nada íntimo, para nosotras aquello sí lo era, era algo nuestro, una especie de juego entre una pareja. Salvo que nosotras no éramos una pareja, apenas nos conocíamos desde hacía unas semanas y apenas habíamos intercambiado algunas palabras, al principio más por cortesía que por verdadero interés, pero con el tiempo fue diferente. Yo le gustaba y ella, estaba claro, me gustaba. Así al verla ahí, tan altanera y preocupada de que un tercero invadiera nuestro espacio, nuestra intimidad, nuestra complicidad; defendiendo lo que le importaba hasta el punto de encenderse de furia, me causaba un tremendo sentimiento de amor que pocas veces, o más bien nunca, había sentido.

No os confundáis, yo he sentido amor muchas veces, pero admitámoslo, todos hemos tenido, tenemos o tendremos lo que se llama "el amor verdadero". Ese amor que te hace sentir vivo de nuevo, querer correr por una playa desierta con la luz del atardecer en tu cara o hasta saltar en paracaídas de un avión, ninguna adrenalina es comparada a la de ese amor, cuando esa persona te mira. Pero no una mirada cualquiera, una mirada de "sé que me deseas, y yo a ti también". Esa mirada es la que mata, porque en realidad te para el corazón por un milisegundo y estás muerto. 

Pues ese es el amor que siento por ella, no es el primer amor, ese que todos dicen "no olvidarás" y en realidad, no sé en vuestro caso, pero mi primer amor lo tengo que tener en algún cajón de mi memoria cerrado con candado. O en una cuenta en un banco de Suiza, ahí últimamente se guardan muchas cosas, puede estar ahí. El caso es que existen muchos tipos de amor y éste varía no solo en tipos sino en personas y luego en culturas, sexos y edades. No es lo mismo el amor de tus veinte que al amor de tus cincuenta. Sin duda no es lo mismo en un país más liberal que en otro más "conservador" por usar una palabra que no ofenda a nadie. Aunque siempre hay gente que se ofende por todo, qué le vamos a hacer. Pues volviendo a ella, a mi hermosa veinteañera de pelo castaño claro y ojos miel, a ella la quiero en una forma tan extraña que no sabría describirlo, aún. Lo que sí sé es que ella ha calado hondo, me ha dejado huella y no creo que salga de ahí, de mis pensamientos, en mucho tiempo. Aunque ella se marche, aunque me marche yo, ella seguirá ahí porque yo la quiero tanto que quiero que siga ahí. Se lo merece. Y se merece mi sonrisa cada vez que la recuerdo.

Y ahora hemos vuelto a hablar, el tercero en discordia se ha ido tan asustado que ha cerrado la puerta con llave. Obviamente esto no es literal, no hay ninguna puerta cerca de nosotras, pero quiero decir que no nos molestará más. Pero ahora, a diferencia de antes, me habla más bajo, casi en susurros y me mira directamente a los ojos cuando lo hace. El corazón se me acelera, no quiero que me bese. Suena raro, pero estropearía el momento, quiero alargarlo más, quiero seguir con la charla, con el tonteo, con las indirectas y con las miradas que esconden pensamientos de lo más libidinosos y a la vez hermosos. El beso lo estropearía todo porque después del beso nunca hay marcha atrás, siempre hay "tenemos que hablar de lo que pasó" y entraríamos en una discusión, obviamente no como se entiende últimamente discusión, me refiero solo a un intercambio de opiniones sobre a dónde debe dirigirse nuestra relación, una especie de debate. Pero no me gusta usar esa palabra porque me recuerda a los programas "rosa" donde debaten sobre la vida de los demás y parecen cabras balando. Así que el beso lo estropearía todo porque yo no quiero pasar por esas discusiones, tener una relación amorosa con ella, osea, de pareja, sería increíble y a la vez dañina. Ella no es una chica cualquiera de mi ciudad, vive fuera y solo estará aquí por unos meses y no quiero, me niego, a pensar en ella y en mí viviendo separadas hablando por teléfono diciéndonos lo mucho que nos echamos de menos y nos queremos. Eso sí que mata. Y tampoco quiero que quede en una simple aventurilla de verano (en realidad es invierno, pero las aventuras siempre se relacionan con el verano) así que no me siento preparada para tener esa conversación y giro disimuladamente la cara, mirando el papel que sujeto entre mis manos.

Es una traducción bastante mediocre que hice la noche anterior mientras, cómo no, pensaba en ella y oía música. Y estaba tan interesada en corregir mis fallos como en caminar descalza por las brasas de una hoguera. No porque no quisiera aprender, sino porque tampoco era el momento de ponernos intelectuales, era un momento de esos que otros (celosos y envidiosos) llamarían "empalagosos" o "cursis" y los más homófobos directamente de "asqueroso", como si las lenguas entendieran de condiciones sexuales para ser más o menos asquerosas, un beso es un beso sea entre las personas que sea. Y nosotras finalmente nos besamos cuando aparté la mirada de mis papeles y volví a fijarla en ella, apenas sin tiempo para reaccionar. Me besó tiernamente en la comisura de los labios y no se apartó, esperando mi respuesta que tardó en llegar. Todavía tenía miedo "del después", pero "el presente" pudo más y me lancé a la piscina. 

Labios de fresa, sabor de amor, pulpa de la fruta de la pasión, es el sabor tu amor... Parecerá cutre (lo es) tanto como muchas otras cosas en mi vida, pero esa era la canción que resonaba en mi cabeza mientras la besaba y su lengua, fría y con un toque precisamente a maracuyá allanaba la mía sin orden de registro. ¿Veis? Esa es otra referencia a lo cutre que os decía que soy, no puedo evitarlo, mis comparaciones suenan más graciosas en mi cabeza, pero la de la canción en cierto modo era cierta: su sabor a la fruta de la pasión a causa de un batido que nos acabábamos de tomar en una cafetería veinte minutos antes (yo lo pedí de mango) y su pintalabios rojo eran exactamente lo que cantaba Danza Invisible allá en el 88 cuando yo aún no había nacido.

Y como me temía, al separarme de ella su mirada había cambiado, no sabía distinguir qué sentimiento expresaba ahora. Yo esperaba ver un brillo de amor y alegría, pero vi tristeza, angustia. Y durante los diez o quizás más segundos que duró aquella mirada, volvió a helarme la sangre. Y esta vez sí que era algo malo. Pero como quien finge que no te ve por la calle porque no le apetece parar a saludarte o finge un malestar para no acudir a una cita, ella fingió que se acababa de acordar de algo importante y que tenía que irse, solo porque no le apetecía tener esa conversación conmigo, ya sabéis la conversación. 

Un amor de libro

13/3/14

¡Hola! Hace unos meses envíe este relato a otra bloggera para participar en una Antología, la verdad es que se me había olvidado y hoy mirando entre los documentos de mi pc lo he visto y he dicho ¡a compartirlo! Hace mucho que no venía con un relato y encima este es viejillo, pero espero que os guste y ponerme las pilas para venir con cosas nuevas.


Si tienes algún problema para visualizar el relato pincha [aquí]

¡Hasta pronto!
Edith T. Stone