Las 12 horas que nos separan

23/9/14


Con la emoción del primer encuentro y con la seguridad de que su amor no se ha desvanecido con el tiempo, se arregla el pelo frente al espejo. Una, dos, hasta tres vueltas para comprobar que el vestido no le hace arrugas, que el escote está en su sitio y los pendientes no se han caído por el peso, miró una vez más su teléfono: las 20:01 eso significaba que el avión ya sobrevolaba el cielo de su ciudad, tras doce horas interminables, estaban a menos de 10 minutos el uno del otro.

Se aclara la garganta, carraspea y tose, el aire acondicionado del avión estaba muy fuerte. Se agarra del asiento y reza sin darse cuenta. También está nervioso por el encuentro pero tiene más miedo del avión que por fin aterriza y se para. Las luces se encienden, algunos aplauden, la gente se levanta, el pasillo se colapsa, las azafatas intentan poner orden, la gente sigue amontonándose en los pasillos, quieren salir, de pronto se forma el caos y se abren las puertas. Él permanece en su asiento, espera paciente a ser de los últimos en bajarse aunque posiblemente es el que más prisa llevaba por bajarse. 

Empiezan a salir los pasajeros del vuelo que llevaba esperando, una espera muy larga, el sudor se acumula y mancha el vestido, siente miedo de que la primera impresión sea esa, no quiere oler mal, se intenta calmar y respira hondo. A lo lejos hay una silueta parecida a la de la persona que espera, a medida que se acerca la silueta tiene rostro y ella se decepciona, no era él. Más gente, él no llega, "y si...", no, él dijo que vendría. 

La maleta no sale, espera que no se la hayan perdido, ahí llevaba todo lo que necesitaba para el viaje y un regalo especial de su tierra para la mujer que lo estaba esperando. Por fin aparece una maleta verde césped, su maleta. La coge, la inspecciona, es esa, se decide a salir pero se para en seco, busca en su bolsillo un paquete de chicles, no quiere que la primera impresión sea esa, se mete la camisa dentro del pantalón, algunos lo miran extrañados, se peina con los dedos y respira hondo.

Son las 20:23 y aun no sale, piensa que ya no queda nadie de ese vuelo, que nunca llegó a subirse al avión, pero decide esperar un poco más mientras ve otras parejas besarse y abrazarse. Finalmente las puertas se abren y la pillan con la mirada baja, desatenta, cansada y la vuelve a subir cuando nota una presencia frente a ella. Se toma unos segundos asegurarse de que es él, ya había perdido la esperanza, es mucho más delgado en persona, tiene cara de cansado, está guapísimo, le beso o le abrazo?

Parece como si no se alegrara de verme, quizá debería de haberle escrito que ya había aterrizado o llamarla por su nombre en vez de acercarme tan sigilosamente, se entristece y rompe su sonrisa. Ella le mira, me mira, se miran, se gustan, se sonríen, se abrazan, se toman de las manos, se vuelven a mirar, se vuelven a sonreír, se vuelven a abrazar y se guardan lo mejor para otro momento.

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Minirelato escrito sin pensar mucho, en el momento, sin corregir, sin parar a pensar en la puntuación o en la coherencia, simplemente escribir como me nacía en este momento. Espero que os haya gustado.