#2 Ejercicio de escritura de Literautas: Desde Florida hasta Tenerife

27/11/15

¡Holaa! El pasado lunes 23 os traje el primer ejercicio de escritura de Literautas que iba sobre un calcetín rojo. Fue muy productivo porque salió un relato de 900 palabras llamado Mr. Adriano del que me siento muy orgullosa. Ese día también os comenté que intentaría traer al menos un ejercicio al mes. Pero son 24 ejercicios, así que no pasa nada por hacer dos al mes porque son muchos jajajajaja. Y el de hoy es que no me podía resistir porque es especial. Os cuento: el segundo ejercicio debe basarse en una noticia, el enunciado dice "noticias frescas" pero la verdad es que podía ser de cuando tú quisieras, así que yo elegí una del mes de abril que me llamó mucho la atención y de la cual os hablé aquí.

Se trata de una botella que apareció en Tenerife (isla en la que nací y vivo) y que había sido lanzada al mar desde Florida. De ahí el título de este relato. Para escribirlo se permite ponerse en la piel de quien cuenta la historia o de los protagonistas, así que, como esto es un reto, ¿qué mejor idea que meterme en la piel de la botella? Espero que os divierta tanto leer esto como a mí escribirlo.


Desde Florida hasta Tenerife
Me encuentro dentro de una bolsa de plástico que apesta a pescado. Me han metido dentro para llevarme de excursión, creo que hablaron algo de una playa, pero no estoy segura. A veces no escucho bien.

El profesor Hall y sus alumnos, de los cuales ninguno me cae bien porque siempre me tocan con sus manos sudadas y llenas de gaseosa, me trasladan al coche. Empieza la excursión, ¡yupee! Bueno, en realidad no estoy tan feliz, en los viajes siempre me mareo y aunque ahora mismo me encuentro vacía de cualquier tipo de líquido, sigo sintiendo náuseas.

Al cabo de un rato llegamos a la playa, oigo el sonido de las gaviotas y me relajo. Uno de los chicos más avanzados de la clase me saca fuera de la bolsa y puedo ver al fin el mar. Es maravillo. Tan azul, tan imponente, tan ruidoso, tan cercano... ¡Oh Dios! ¿pero qué hacen? ¿no ven que me puedo romper contra las piedras?

Menos mal que el profesor Hall detuvo a tiempo a ese asesino que pretendía tirarme al agua. Me gusta llevar líquido dentro, para eso fui diseñada, pero no por fuera. ¡Jum! Desconsiderados.

Ahora voy en manos del profesor Hall, es tan apuesto, me gustan sus manos porque siempre están limpias y usa una loción corporal para evitar que sus manos se arruguen por la edad. Además, me agarra con firmeza desde la base de mi cuerpo, no como sus alumnos, que me agarran por el cuello y me zarandean como si no les importara mi seguridad.

Poco a poco hemos ido bordeando la orilla de la playa y nos encontramos subiendo un cabo que hará que nos adentremos un poco más. El profesor Hall me destapa y puedo oler el mar. Huele a sal, a vida, escucho mejor los gritos de los niños jugando en la playa y la voz del profesor diciendo: “¿Tienes la carta ahí?” No sé a qué carta se refiere, ¿me irán a recitar un poema? Pero el chico saca de su bolsillo trasero del pantalón una carta que dobla como un pergamino.

Yo estoy tranquila mientras observo el mar, no me preocupa qué harán con la carta de papel. En ese momento el profesor Hall me deja en el suelo y busca su cartera, pero no la encuentra. Se la ha dejado en el coche, lo sé porque la vi, siempre estoy pendiente a sus movimientos. Pero los chicos no son igual de listos y se olvidaron de cogerla.

El alumno que antes casi me tira al mar ha terminado de enrollar la carta y la ata delicadamente. No entiendo porqué trata con delicadeza el papel pero no el vidrio. ¡Las botellas somos muy frágiles! En fin, ¿ya os he contado que el chico es un poco lerdo?

El profesor vuelve corriendo, había ido a buscar la cartera. Su respiración está agitada y al correr se le ha metido arena en los pliegues del pantalón. Me río aunque él no pueda oírme, es una situación graciosa.

Entonces saca de su cartera un billete de un dólar y lo introduce por mi cuello. Noto como el papel verde cae y no comprendo nada. Con un gesto de la mano el profesor le indica a su alumno, que sigo sin entender porqué es el más avanzado de la clase si es el más tonto, que me introduzca la carta. ¡Ahora sí que no entiendo nada! ¡QUE ME CREARON PARA TRANSPORTAR LÍ-QUI-DOS! Dios mío, no me esperaba esto del profesor Hall.

Justamente es él quien se encarga de sellar mi cuello con un tapón y... NO, NO, NO.

He dejado de oír, mi cuerpo se encuentra flotando en el mar que antes me parecía maravilloso y ahora aterrador. No quiero estar ahí, tengo frío, pero no puedo salir y comienzo a moverme.

Las corrientes me arrastran hacia el interior del océano y ya no vuelvo a ver al profesor Hall, ni a sus estúpidos alumnos. Sí, estúpidos, al fin y al cabo la idea de la excursión fue suya.

El lado positivo de todo esto es que ahora estoy expuesta en un museo y nunca más volveré al mar. Han contactado con el profesor Hall para hacerles saber que estoy bien y que el dinero y la carta que enviaron dentro de mí también han llegado. Pero yo sigo sin entender nada, ¿no era más fácil un SMS?

Espero que os haya gustado y me dejéis un comentario.
Muchas gracias por leer :)