Inspirándome con un elemento - La puerta J

20/12/15

¡Buenas noches! Creo que llego en el último momento para publicar esta entrada que pertenece a la iniciativa Inspirándome con un elemento del blog Ficción Romántica de +R. Crespo que consiste en escribir un relato inspirándote en algo que ella haya decidido: una imagen, una canción, una palabra, etc. Y en esta ocasión ha sido una palabra, en concreto, campanario. Al principio se me ocurrió una idea, pero no estaba bien desarrollada para presentarla, así que mejor me dejé llevar por lo que en este momento pienso a diario: viajar a Perú y conocer a Jorge. Por eso meteré este relato también dentro de la categoría de Cartas a Jorge que hace tiempo que no publico una.


No sé muy bien en qué momento creció en mí el valor necesario para ello, pero ahí estaba yo, recogiendo todas mis cosas y metiéndolas en una maleta. Llevaba mucho tiempo queriendo irme de mi casa, la situación familiar se había vuelto inaguantable y la única razón que me había mantenido allí era que tenía que terminar mi carrera.

Pero la carrera la terminé hacía tres semanas, ya tenía el título de graduada y ahora sí que sí no tenía excusas para quedarme allí, salvo el miedo y el dinero. No tenía dinero para viajar y tenía mucho miedo de lo que podría pasar, de fracasar en mis sueños, de tener que volver con el rabo entre las piernas. Por eso no entiendo porqué, ese día, en el que no ocurrió nada especial que colmara el vaso, decidí levantarme y empezar a guardar todo dentro de esa maleta.

Quizás fue un miedo mayor, el de que la situación en casa empeorara y entonces sí que no pudiera escapar y tuviera que quedarme allí para siempre. Aquello no era miedo, era pánico. Yo soy un espíritu libre, no estoy hecho para estar enjaulada. Necesito libertad y no la tengo. Necesito respeto, reconocimiento, amor, tranquilidad y paz interior. Y aquí no lo tengo.

Entonces lo supe, fueron mis ganas de conocerme a mí misma, de encontrar mi verdadero yo, de enamorarme de la vida y de dejar de verlo todo como un sufrimiento, lo que me impulsó a salir de casa, con mi maleta llena, y llamar a un taxi que me llevara al aeropuerto.

Fueron dos horas y cuarto hasta Madrid y de allí tuve que hacer escala durante otras largas cuatro horas antes de coger el avión definitivo, el que me llevaría a donde yo quería ir. Recibí la llamada angustiada de mi familia, pero la ignoré, sabía que estaban preocupados por mí, después de todo. Pero yo no estaba de humor para responderles y tener que explicarles todo lo que me estaba sucediendo y me había llevado a coger ese avión. Lo haría cuando solo quedaran unos minutos para tomar el siguiente avión y no tuviera tiempo de echarme atrás.

Tuve tiempo de pensar durante esas seis horas en el que sería mi próximo futuro. Me imaginé a mí misma llegando a Perú después de varias horas de avión y lo imaginé a él esperándome en el aeropuerto. Nos imaginé besándonos por primera vez, abrazándonos y viviendo juntos. La ilusión fue tan real que me puso los pelos de punta. Casi pude notar su aliento y su calor.

Me tumbé en unas sillas que parecían ser más cómodas visualmente de lo que eran en realidad y seguí soñando. Sonreí al pensarnos felices, yo estaría trabajando de profesora de francés y él seguiría trabajando en lo que le gusta, pero con un mejor puesto y sueldo que nos permitiera alquilar una bonita casa, de esas modernas con muchas ventanas y balcones para siempre poder tener la luz del sol natural dentro de casa.

Entonces nos tumbaríamos en el sofá a ver una película, con alguna mascota adoptada de algún refugio, y él me tocaría la tripa con mimo e ilusión y me sonreiría emocionado. Y, aunque me hubiese pasado toda mi infancia diciendo que jamás me casaría, nos imaginé saliendo de la iglesia, con las campanas repicando detrás de nosotros.

Los pasajeros con destino Lima diríjanse a la puerta J

La voz que sonó por los altavoces me sacó de mi ensueño para devolverme a la realidad, que en tan solo unas pocas horas, sería la misma que había soñado.