#3 Ejercicio de escritura de Literautas: Lluvia

17/1/16

¡Hola! Esta semana parece que me estoy poniendo al día con los retos, hoy toca uno de mis favoritos, el de los ejercicios de escritura de Literautas. Como sabéis de momento hay 24 ejercicios, y el de hoy es el tercero, lo hago poco a poco, por lo que seguramente me duren mucho tiempo. De momento he escrito Mr. Adriano y Desde Florida hasta Tenerife. Espero que este, llamado Lluvia, os guste tanto como a mí me gustó escribirlo, aunque realmente me costó porque el relato tenía que comenzar por la frase "Parece que va a llover" en forma de diálogo y yo pocas veces abro un relato en forma de diálogo, así que fue complicado jajaja.


Lluvia
—Parece que va llover —dijo Joana mirando al cielo.

—No, no va a llover, solo está algo nublado —respondió Katrine que se pensaba que tenía un máster en meteorología solo por llevar cinco años practicando paracaidismo. 

—En la tele han dicho que va a llover —repicó Marcos desde la puerta principal mientras se ajustaba su traje de saltar.

—Tampoco es que no podamos saltar si llueve, ¿no? —preguntó Silvana que llevaba poco más de un mes con nosotros mientras se acercaba a Marcos.

—Sí que importa, puede ser algo peligroso —dije yo desde la derecha de Joana mientras miraba a Silvana y luego a Katrine—. Quizás deberíamos de suspender el salto de hoy, no nos corre prisa.

—Mira, Wen, te quiero mucho pero no te metas en esto —dijo Katrine mirándome fijamente. Silvana y Marcos volvieron a entrar en la casa y Joana "se hizo la sueca" comprobando el paracaídas de su mochila.

—Está bien —respondí yo— pero si llueve o hace mucho viento... yo no salto. —Noté las miradas de Silvana y Marcos, que creo que eran pareja en secreto, desde el interior de la casa, a través de la ventana. Joana y Katrine me miraron sorprendidas, nadie esperaba que yo fuera a llevarle la contraria a Katrine, y menos dos veces seguidas.

Katrine es mi hermana mayor, me lleva unos tres años y medio, y desde que me mudé a este barrio donde ella vive con su novio, me visita a diario y ha adoptado el papel de madre, una muy agobiante. Sobre todo desde que decidí unirme a ella en este deporte. Sé que es de alto riesgo, mis padres lo desaprueban completamente, pero no voy a permitir que por su capricho de querer saltar hoy, podamos tener un accidente a causa del mal tiempo.

—Llevamos meses practicando el número de hoy, ¿qué os pasa? Íbamos a subir y a tirarnos y a realizar la coreografía y Mike nos estaría viendo desde el suelo y cuando llegáramos abajo... Ya sabéis, tengo el anillo preparado. No puede ser otro día, tengo que pedirle matrimonio a Mike esta tarde o todo lo que hemos hecho estos meses no servirá de nada.... —dijo mi hermana angustiada.

—Kat, entiendo que estés estresada, pero no puedo hacer nada por cambiar el tiempo. Solo queda posponer unos días la pedida de mano. No es gran cosa. No estamos hablando de la boda, solo de la pedida. ¿Qué importa retrasarlo unos días? —pregunté yo intentando sonar conciliadora.

—Claro —dijo Julius saliendo de la casa acompañado de Rob y Cris—. No estamos hablando de cancelarlo, solo posponerlo —terminó de explicar el rubio cuando empezaron a caer las primeras gotas de lluvia. Y también las primeras lágrimas de Kat.

En el portón de la casa seguíamos Joana y yo, Kat se había hecho un ovillo en el suelo y yo intentaba consolarla acariciando su cabello y pasando una mano por su espalda. Julius, Rob y Cris nos miraban de pie, casi autoritarios, pero en realidad muy preocupados. De la casa salieron de nuevo Marcos y Silvana y quedamos los siete en el porche. Nosotros siete éramos un grupo de paracaidistas que se reunía una vez a la semana para ensayar, eran ensayos muy fáciles, pues la coreografía en el aire tampoco podía ser muy elaborada: primero porque una vez que estamos "volando" es más seguro realizar movimientos sencillos, segundo porque apenas disponemos de un minuto para realizar el baile y tercero porque desde abajo tampoco se aprecia lo suficiente como para preocuparnos. Solían contratarnos para fiestas y solo ensayábamos a diario en caso de actuaciones con mucho público.

Al principio el grupo solo era de Julius, Rob (Roberto) y Cris (Cristina), ya que Cris es la hermana de Rob y se metieron en esto juntos desde adolescentes. Y Julius es el novio de Cris desde hace más de diez años y se conocieron en una competición, por lo que él también está bastante experimentado. Así que su opinión valía sobre la de Kat, y debíamos de hacerles caso si decían que el tiempo no era el adecuado.

El resto del equipo no llevaba tantos años como ellos tres, que aparte eran los mayores en edad. Marcos se había unido hacia cinco años, al tiempo que Kat, y Joana poco después. Yo me uní hace dos años y Silvana, aparte de ser la benjamina del grupo, es la más inexperta porque solo lleva saltando seis meses y con nosotros apenas uno. Y si no llega a ser por la insistencia de Marcos, estoy segura de que no estaría en el equipo.

—Vamos adentro, Kat. Nos estamos mojando —dije yo sosteniendo su mano.

—Wendy, estoy embarazada... —dijo mi hermana mirándome a los ojos—. Necesito pedirle a Mike que se case conmigo. Lo tenía todo planeado para que nada saliese mal, y no pude planear esto.

—¡Joder! —exclamó Marcos— ¿De cuánto estás? 

—Cuatro meses —dijo Katrine avergonzada—. Sé que es peligroso tirarse en paracaídas estando embarazada, y me he comportado como una loca —dijo levantándose del suelo.

—Estás agobiada, es normal —dijo Joana intentando quitarle hierro al asunto.

—Es que Mike no sabe nada del embarazado todavía —dijo Kat tocándose el vientre—. Tampoco es que me haga mucho caso como para darse cuenta, ¿sabes? Por eso me da miedo de que me diga que no. No quiero quedarme sola con el bebé, por eso la pedida tenía que ser a lo grande, para no dejarle otra opción que decir que sí —explicó Kat secándose las lágrimas.

—Vamos, que querías abrumar al muchacho para que no pudiera huir —resumió Cris entre risas.

—Algo así —dijo Kat sonriendo, pero sin borrar la expresión de tristeza de su cara.

—Tía —intervino Rob— si ese capullo te dice que no dejándote sola con el bebé, es que no te merece. No necesitas hacer locuras para quedarte con un hombre que ya no te ama por miedo a quedarte sola, porque si él te abandona, ese niño nos tendrá a nosotros, ¿me oyes?

La confesión de Rob nos dejó a todos emocionados, sabíamos que sentía algo por Katrine desde hacía tiempo o al menos lo intuíamos, pero estando ella enamorada de Mike, Rob nunca dijo nada. Pero ese pequeño discurso fue suficiente para que Cristina, Joana y yo intercambiáramos unas miradas de complicidad, porque sabíamos que en el fondo lo que quería decir es que él se casaría con Katrine si ella se lo pidiera. 

Al final del día la lluvia paró, el cielo se quedó completamente despejado y azul y salí a acompañar a mi hermana a su casa para que hablara con Mike, que debía de estar llegando de su trabajo. Entramos a la casa, pero él no estaba, pensamos que habíamos llegado muy temprano y subimos a la habitación para prepararla y darle un toque más romántico e íntimo, ya que Kat planeaba pedírselo esta noche.

Pero mi hermana se paró frente a la cama y recogió un trozo de papel arrancado de un cuaderno de cuadros en el que ponía: «No sé que sorpresa me tenías preparada hoy, pero siento no haberme presentado. Me supuse, por tu emoción ante la idea, que se trataría de algo grande y huí. No quiero hacerte daño, pero ya no te amo, me pareció mejor para ti que no me reuniera contigo para no hacerte pasar por este mal trago en público y que lo leyeras al llegar a casa. Sé que es de cobardes, pero es lo mejor para los dos. Hasta siempre».

Mi hermana tenía razón. Mike ya no la quería. Y yo pensando que solo estaba paranoica por los nervios del embarazo y la boda. Pero era un cretino. Abracé a mi hermana y la consolé como pude.

Ese día decidimos volver a casa de nuestros padres por unas semanas, Kat quiso quedarse hasta que naciera el bebé y yo me volví a mi casa donde seguí estudiando y saltando. Pero ya no éramos siete, Kat no volvería en mucho tiempo y Rob se había ido a la capital en busca de mi hermana.

Unos meses después, nació mi sobrino al que llamaron Carlos y mi hermana volvió a nuestro barrio, dejando a mis padres desconsolados porque echarían de menos a su nieto. Pero no volvió sola, volvió de la mano de Rob. Aunque decidieron ir poco a poco, ya que la prioridad de mi hermana ahora era el bebé, parecía bastante claro que para estos dos, ni una lluvia torrencial podría evitar que acabaran juntos.