Con los ojos llenos de legañas y de felicidad

4/11/14

Es increíble, o por lo menos a mí me lo parece, cómo el amor puede convertir algo tan sencillo y rutinario como despertarse por las mañanas en algo tan precioso y placentero (si se hace al lado de la persona amada). Es algo que todas las parejas, una vez superado cierto número de meses o de años, dejan de valorar. Pero que parejas, por ejemplo, que están separadas por kilómetros de tierra y mar, aprecian y anhelan. Es aún más duro cuando conoces el sentimiento y te es arrebatado, de manera que despiertas sola en una cama de matrimonio sin nadie que te bese tiernamente los labios y te dé el primer y más importante "buenos días" de tu día. Porque sales del edificio y el conserje te da los buenos días, llegas al trabajo y tus compañeros te dan los buenos días, pero ninguno es tan importante como el de la persona que te acaricia el pelo hasta que te quedas profundamente dormida para luego encontrar el lugar perfecto donde hacerte cosquillas y despertarte de buen humor. Porque es lo bueno de estar enamorados, que cualquier cosa te hace estar de buen humor, incluso llegar tarde al trabajo porque decidiste quedarte unos minutos más en la cama, haciendo vete tú a saber qué, con la persona que amas. 

Dormir al lado de tu pareja: soportar que hable en sueños, que ronque, que dé patadas, que no se esté quieta, etc. Parece que todo son inconvenientes cuando en realidad, tener a una persona que te acompañe por las noches dándote cariño, protección, seguridad, calor, es el mejor de los sentimientos y no algo de lo que quejarse con las compañeras de trabajo en la hora del almuerzo.

Es por eso que cuando nos despertamos después de haber dormido abrazados a nuestra pareja, nos despertamos con los ojos llenos de legañas, pero también de felicidad. Y nada importa, solo ser feliz unos minutos más.