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Cerezas en marzo
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Reseña de Cerezas en marzo [Blogs colaboradores]

8/4/15


¡Hola! ¿cómo están? Al fin he tenido un ratito hoy para sentarme delante del ordenador y contaros que.... ¡han reseñado Cerezas en marzo!

Por si no lo sabéis, Cerezas en marzo es una historia corta de 4 capítulos que he escrito en el mes de marzo (seh, con ese título no podía ser otro mes). Y dicha historia la creé para la iniciativa Blogs colaboradores de +Gema Vallejo y +Sara del Pozo. En esta iniciativa hay una lista de escritores y otra de lectores y los lectores deben reseñar la historia que hayan escrito los escritores, jajajaja, así de fácil. Y a +A. Turquoise fue a quien le tocó reseñar mi relato corto.

Si no habéis leído la historia, podéis hacerlo en formato PDF o en Wattpad, os dejo los enlaces:

Enlace PDF: https://app.box.com/s/jyho3gx6baxo7kzljptez53okotrdp5y

Enlace Wattpad: http://www.wattpad.com/myworks/36528722-cerezas-en-marzo

Si queréis leer la reseña que Ana me hizo en su blog, pinchad en la imagen:


Y lo mismo si os interesa participar en la iniciativa, cuánta más gente más divertido :)





Bueno, ¿y todo esto que tiene que ver con el título de la entrada? Pues nada pero me apetecía contaros algo que ocurrió creo que ayer día 7 de abril. Y es que en las costas del norte de Tenerife, en concreto en Bajamar, fue encontrada una botella con un mensaje dentro.

Los socorristas que encontraron la botella pensaron que se trataba de una broma de algunos niños, pero descubrieron que dentro había una carta, escrita en inglés y que traía un dolar.

Resultó ser un experimento realizado hace 6 años por unos alumnos del Instituto Melbourne en Florida.

Se puede ver perfectamente el dolar a través de la botella. Me ha parecido una noticia curiosa y bonita y no pude resistirme a traerla al blog.

Además, el título "Desde Florida hasta Tenerife" me gusta como suena, podría ser el título de un relato largo, jajajaja. Algo así como una historia de amor entre un chico de Florida y una chica de Tenerife.

Bueno y por si no lo saben, es que Tenerife es mi isla bonita *-* y quien no sepa donde está ya puede ir corriendo a Google Maps jajajaja. Os dejo aquí el link de la noticia por si quieren leer un poco más. Y si quieren saber más cositas sobre mí, ya que os he contado esto, he actualizado la página de Autora ;)

Antes de despedirme quisiera que seleccionaran una parte del texto de esta entrada.... jijiji. Le he quitado el color azul pitufo feo al seleccionar parte del texto. Creo a partir de ahora lo voy a estar cambiando siempre.

Ahora sí,
Hasta la próxima :)

Recopilación de Cerezas en marzo [Blogs colaboradores]

4/4/15


¡Hola chiquitos míos! Desde que publiqué el cuarto capítulo de Cerezas en marzo he estado dándole vueltas a la idea de escribir un epílogo. Y finalmente lo he hecho. En el siguiente documento encontraréis recogidos en formato PDF todos los capítulos más dicho epílogo. 

Si os habéis leído la historia, tengo que avisaros de que en el segundo capítulo añado un poco más sobre el abuelo de Annie porque a lo largo de todo el relato me refería a él como "el abuelo de Annie" y quedaba muy repetitivo. Así que finalmente le he puesto nombre: Adrien Bayard. Y bueno esa zona está un poco modificada pero no digo nada relevante para el resto de capítulos.

Por lo demás todo sigue igual salvo algunas correcciones ortográficas o de puntuación. Espero que lo disfruten y que me dejen en los comentarios qué tal os ha parecido.




Le podéis dar a pantalla completa o descargarla para leerla tranquilamente. Pero me gustaría que me dejarais un comentario diciéndome qué tal os ha parecido la historia. ¿Os han gustado Annie y Eric? ¿qué opináis de Erwan? ¿os esperabais el final?

¡Se me olvidaba! También podéis encontrar la historia en Wattpad:


También te recomiendo leer:


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Cerezas en marzo - Cuarto capítulo [Blogs colaboradores]

28/3/15

Capítulo dedicado a +Gema Vallejo que me ayudó muchísimo con la historia para que esto del proyecto de Annie se hiciera realidad. Gracias también a +Sara del Pozo por la iniciativa y +A. Turquoise que tiene un blog precioso donde va a reseñar esta historia. Y por supuesto, dedicado a todos los que habéis leído y comentado los capítulos anteriores. Ahora sí comenzamos con el cuarto y último capítulo de Cerezas en marzo:


Marzo 1990

El ruído de los trabajadores del hotel despertó a Erwan que en seguida se puso en pie y corrió la cortina de la ventana para que entrara la luz del día. Había pasado las últimas tres semanas en ese hotel recibiendo a diario la visita de su hija, que lo acompañaba por las tardes a dar un paseo por el pueblo. 

El día de su llegada había sido muy doloroso para Annie. Durante su infancia la pequeña Annie había llegado a odiar a su padre, pero luego se fue haciendo cada vez más a la idea de que su padre nunca volvería y para su adolescencia Annie había aprendido a convivir con el resentimiento y a veces la culpa. En su último año de instituto empezó a pensar en su padre como si este no la hubiera abandonado, intentando recordar solo los buenos momentos y las anécdotas graciosas, pero se sorprendió recordando muy pocas y casi siempre las mismas, pero distorsionadas por el paso del tiempo. Y poco a poco dejó de pensar en él, de darle importancia, y cuando le recordaba por alguna razón no lo hacía sintiendo rencor.

Pero verle ahí, de pie, en su casa... bueno, eso la había superado. Le entró pánico, quiso llorar y a la vez gritar, quiso romper cosas y golpearle a alguien en la cara, pero no lo hizo. Tuvo que tomarse varios minutos para dejar que todo el dolor de los recuerdos que el regreso de su padre le había traído, saliera de su cuerpo. Lloró y se liberó de algo que, aunque se negara a verlo, la había consumido durante años. Limpió sus lágrimas, recompuso su ropa y su pelo y volvió a entrar en casa preguntando por una razón, una razón que le permitiera pasar página, seguir adelante y cerrar una herida que había estado abierta por catorce años.


Y la encontró. Erwan no quiso excusarse, no quiso decir que había sido por el trabajo, ni quiso mentirse más a sí mismo. La razón era que había sido un egoísta al anteponer su negocio a su familia. Y no pudo hacer más que pedir perdón.

A partir de ese momento, un gran peso fue liberado de los hombros de Annie, un peso metafórico claro está pero que la había atormentado durante todo ese tiempo. Ahora había desaparecido y era como si la muchacha hubiera cerrado un capítulo muy largo de su vida. Y ahora que estaba empezando un noviazgo con Eric, no dudó en contarle lo sucedido pidiendo consejo, y aunque en principio no parecía muy dispuesta, Annie acabó dandole una segunda oportunidad a su padre.

Todo el mundo merece una, ¿no? Lo que estaba claro es que no odiaba a Erwan y quería empezar desde cero con él. Aunque los últimos días no había podido dedicarle muchas horas porque estaba enfrascada en su proyecto.

En esas últimas tres semanas, Annie había estado estudiando el comportamiento de sus cerezas cuando las colocaba bajo la luz de las farolas que estaban al lado del invernadero. Pues, la noche que Eric las colocó ahí para despejar la sala de las flores y hacerle espacio a los libros recién traídos de París de Annie, las cerezas cambiaron de color adquiriendo un tono más oscuro y Annie juraría que las hojas del brote de cerezo, habían crecido. Fue entonces cuando descubrieron que de las farolas emana un gas llamado etileno que provoca el crecimiento y maduración de los frutos.

El descubrimiento dejó a Annie algo desanimada, a pesar de lo importante que había sido. Para ella aquello había surjido del azar y no de sus conocimientos, pero Eric la consoló recordándole que muchos otros ciéntificos habían descubierto grandes cosas gracias a la casualidad y que eso no los hacía ni menos inteligentes ni menos merecedores de sus premios. Y eso alivió un poco la frustración de Annie, pues dejó a un lado su orgullo y se paró a pensar en la importancia de aquello, habían conseguido que las cerezas maduraran en marzo y no en los meses de junio y julio como hasta ahora. Y aunque después de probar el etileno en otros frutos se dieran cuenta de que un uso excesivo estresa a la planta y de que no funciona igual en todas, habían hecho un gran avance en la botánica.

En resumen, su proyecto personal había funcionado y Annie había logrado hacerse con una buena reputación que hacía que todas las facultades del país se pelearan por ella. Algunas incluso eran facultades privadas que llamaban desde Berlín o Londres, todas pidiéndole lo mismo: que diera conferencias en sus aulas sobre su método revolucionario.

Annie todavía no se atrevía a decir que sí a ninguna facultad, estaba insegura, ella estaba hecha para estar detrás de un microoscopio no delante de una clase, pero Eric la había animado a que lo hiciera, y finalmente ella aceptó irse a París a dar una charla delante de nada más y nada menos que ciento cincuenta alumnos y veinte profesores. 

Al principio estaba nerviosa, también la habían llamado de varias empresas pidiéndole que trabajara para ellos, normalmente era al revés. Mientras iba en avión hacia París se sintió feliz, verdaderamente feliz por primera vez en mucho tiempo. Y estar bajo la Torre Eiffel solo la hizo estarlo más. Visitó cada rincón de la ciudad hasta el momento de presentarse en la facultad. 

Siendo Annie una chica tan tímida y con miedo escénico, pensó que iba a necesitar aclararse la garganta cada dos segundos o que se iba a quedar en blanco y que no sabría cómo seguir. Pero empezó hablando pausadamente de sus inicios, cuando nadie la escuchaba y a todos les parecía una locura su proyecto. Siguió contando lo solitario que puede ser el centrarse tanto en algo que a veces se te olvida que tienes personas que te quieren y que cuentan contigo y se preocupan por ti. Y entonces comenzó con las formulas químicas, los fallos que había cometido, los altibajos emocionales que eso provocaba y las noches que se había pasado despierta simplemente intentándolo una vez más. Y finalmente habló de la ayuda que había sido contar con Eric y del descubrimiento fruto de la casualidad. Contó más sobre las propiedades del etileno y terminó con una bonita reflexión sobre la dedicación, la perseverancia y el esfuerzo. Todo ello sin equivocarse ni quedarse en blanco.

Y mientras regresaba a su ciudad en avión, observando París de noche, se dio cuenta de un detalle: era su cumpleaños. Había estado tan distraída que había olvidado su propio cumpleaños y sonrió al recordar que sería el primero que pasaría con su familia al completo, incluyendo Eric. Annie pensó en lo mucho que había avanzado su relación con él desde hacía tan solo cuatro meses. Comenzaron siendo solo amigos en diciembre, algo más que amigos en enero, una especie de novios en febrero y ahora vivían juntos como novios formales. 

Y precisamente fue él quien fue a buscarla al aeropuerto cuando llegó a su ciudad, la llevó a la casona y en vez de entrar por la puerta principal entraron por el jardín donde estaba Odette, Erwan, Tya y toda la gente de la facultad que pudo ir. Frente a ellos había una mesa decorada con farolillos amarillos llena de comida y una gran tarta de chocolate en medio en el que se veía un 2 y un 7 por los veintisiete años que cumplía Annie. Esa noche fue una noche especial en la que todos bailaron, incluso Odette y Erwan bailaron juntos y Tya, que había superado su depresión y estaba mucho más contenta, bailó con su nuevo novio y sus amigas.

Y también fue la noche en la que la pareja de botánicos, sentados en el balancín donde se habían besado por primera vez y con las manos entrelazadas, se dijeron te quiero también por primera vez.

FIN.

Cerezas en marzo - Tercer capítulo [Blogs colaboradores]

19/3/15


Febrero 1990


Odette era una mujer esbelta y aventurera que siempre había estado muy segura de sí misma. Esa misma seguridad se la había transmitido a su hija Annie, enseñándole a valerse por sí misma y a no depender de nadie, sobre todo después de que su marido las abandonara. Eso era algo que Odette no entendía: un matrimonio puede romperse por diversas razones, pero a una hija no se la abandona nunca.

Pero como si el destino se riera de ella, Odette recibió esa mañana la llamada de su ex marido diciéndole que estaba en la ciudad. Nada más colgar el teléfono, Odette tuvo que sentarse para no caerse. De pronto le temblaba todo el cuerpo, como si algo dentro de ella acabara de despertar. Ah sí, era el odio.

Cuando Odette llamó a casa de su hija, Eric respondió al otro lado de la línea con voz ronca. El joven había pasado la noche en casa de Annie, por lo visto llevaban viviendo juntos unas semanas pero Annie no se atrevía a decírselo a su madre, quizás por vergüenza o quizás porque ni ella misma sabía qué era esa relación, lo que estaba claro es que ya no eran solo compañeros en el proyecto y que la palabra amistad se quedaba corta... ¿en qué los dejaba eso?


– Buenos días – dijo Eric despertando a Annie que dormía a su lado – Ha llamado tu madre, dice que es importante que vayas a verla.
– ¿Has hablado con mi madre? – preguntó Annie poniendo los ojos como platos y levantándose de la cama mientras miraba la hora en su reloj de muñeca – ¡Mierda, son las doce del mediodía!

Era común en ellos dormir hasta bien entrado el mediodía porque las horas de la tarde se las dedicaban a sus respectivos trabajos y las de la noche al proyecto. Al final solo tenían poco más de una hora para ducharse y comer algo. Pero a ninguno de los dos parecía importarle demasiado porque les encantaba pasar tiempo juntos y sus avances habían logrado llamar la atención de varias empresas y sobre todo revistas de ciencia y periódicos. 

La noche anterior en concreto la habían pasado leyendo diferentes libros de Botánica que Annie había mandado a pedir a París en una librería de su ciudad. Los libros tardaron poco más de una semana y media en llegar y cuando los tuvieron en sus manos se quedaron absortos en la lectura. Mientras tanto los brotes de cerezos permanecían a buen resguardo en los invernaderos de la casona.

Después de la ducha y del almuerzo, Annie dejó a Eric en su trabajo y continuó conduciendo hasta su antigua casa donde vivía su madre recién jubilada con Bastien, su marido dos años menor que ella, divorciado cuatro veces y sin un solo franco en la cartera. Era por eso que Annie siempre se había mantenido algo reticente con su padrastro. 

Odette siempre había pensado que se debía a que Annie pensaba en Bastien como el sustituto de su padre y que eso le provocaba celos. Pero en realidad es que Annie no se fiaba ni un pelo de las intenciones de ese señor y a pesar de que su madre era una mujer hermosa con un corazón de oro, no creía que el amor fuese la razón por la que él decidiera casarse con ella. Más bien por el dinero que cobraba a fin de mes como funcionaria del Estado. Pero Annie temía que si le mencionaba a su madre sus sospechas podría herir sus sentimientos y al fin y al cabo solo eran sospechas, ¿y si era un buen hombre enamoradísimo de su madre y ella lo estropeaba todo? Por eso Annie siempre había preferido mantenerse al margen.

Cuando Annie llegó a casa de su madre se alegró de que Bastien hubiese salido, normalmente no salía nunca. Y cuando abrazó a su madre la notó algo temblorosa, la tomó de las manos para mirarla fijamente a los ojos y notó que estaba sudando a mares. La preocupación en los ojos de Annie se hizo evidente y Odette no quiso alargar más la situación, así que dejó caer la bomba.

– Cariño, tu padre ha venido a verte, está en el salón.

La cara de preocupación de Annie cambió a una de asombro que inmediatamente volvió a cambiar a una de extrema diversión. Parecía que alguien le hubiera contado un chiste. No paró de reír hasta ver las lágrimas en los ojos de su madre. Entonces se dio cuenta de que no era una broma y su cara volvió a cambiar una vez más cuando vio a su padre aparecer por el pasillo.

Su padre, Erwan Lombard, había vuelto desde Toronto tras leer el nombre de su hija y el de otro muchacho en un periódico internacional y luego en otro local. En la noticia aparecía una foto de Annie en la que reconoció como la casona de su ex suegro. Y entonces sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda y tuvo que dar una gran bocanada de aire tras sentir que algo le oprimía el pecho. Ese algo era la culpa. Sin duda Annie era una señorita muy guapa e inteligente, debía felicitar a Odette por ello. Pero le comían los remordimientos por haberse perdido gran parte de la vida de su hija.

La primera excusa fue que el trabajo lo mantuvo muy ocupado, la segunda es que el tiempo y la distancia habían hecho mella en su relación con Odette y la tercera es que después de tantos años no había encontrado el valor para volver y enfrentarse a sus miedos. Pero lo había hecho. Estaba allí de pie contemplando a su hija que lo miraba fijamente como si de un fastasma se tratara. Esperó a que ella le gritara, que llorara y que quisiera matarle, pero entonces salió del embobamiento que le producía mirar a su hija ya adulta cuando escuchó un portazo.

Annie había salido de nuevo a la calle, en un intento de asimilar que realmente no era un sueño. Su padre había vuelto.


¡Feliz Día del Padre! Como en España hoy es el día del padre quería publicar este capítulo en el que Annie se reencuentra con su padre. En realidad quería dejarlo programado desde ayer pero estoy agotada, el tiempo no me da para nada. Ahora me voy a hacer una disertación en francés de 700 palabras mínimo sobre la igualdad entre hombres y mujeres en el trabajo... ¡qué pocas ganas! Un besito guapos y guapas, ¿qué os ha parecido este capítulo? Ya sabéis que la semana que viene tendréis el siguiente y que ese será el final :(

Annie♥Eric

Cerezas en marzo - Segundo capítulo [Blogs colaboradores]

13/3/15

Enero 1990

Era la madrugada del día 1 de enero de 1990, todo el mundo estaba celebrando el año nuevo. Algunos desde la tranquilidad de sus casas cenando con sus familiares y otros desde la euforia de las discotecas abarrotadas de jóvenes bebiendo alcohol. Poca gente, en esa fecha tan señalada, prefería quedarse en casa trabajando. Pero es que Annie siempre había sido así, a ella las reuniones familiares no le gustaban desde que su madre se había vuelto a casar y las fiestas nunca le habían llamado la atención, a pesar de haber asistido a varias en su época de estudiante.

La noche anterior había llovido y se había llevado todas las nubes negras del cielo, dejando una visión perfecta de las estrellas, sobre todo desde la casona de Annie, donde no había ningún tipo de contaminación lumínica y se podía estar toda la noche con el cuello levantado, admirando la belleza del firmamento. Y así precisamente se encontraba la joven, con su cabello trenzado, un gran abrigo blanco de seda y unos guantes negros para combatir el frío. Y a su lado estaba Eric.

– Feliz año nuevo – se atrevió a decir Eric rompiendo el silencio.
– Feliz año nuevo – respondió ella con la mejor de sus sonrisas.

Aunque no lo pareciera, le encantaba el 1 de enero. Se respiraba felicidad en cada rincón, todo el mundo estaba sonriente y cantaba algún villancico. Era como volver a ser niña de nuevo e irremediablemente Annie se acordó de su padre. Especialmente del día en el que se despidieron en el aeropuerto porque su padre iba a Canadá a realizar un curso para empresarios emprendedores, o algo así. Ella solo sabía que su padre regresaría después del verano y eso le bastó hasta que el verano se acabó. Entonces su madre tuvo que contarle que en realidad su padre las había abandonado. Durante mucho tiempo Annie mantuvo la esperanza de que su padre volvería algún día, pero ya han pasado catorce años y la esperanza se convirtió en odio. 

Un estornudo de su compañero la hizo salir de sus pensamientos y volver a la realidad. A pesar de la noche tan despejada y mágica, hacía mucho frío y los abrigos no los salvarían de coger un resfriado si seguían ahí de pie, así que entraron de nuevo a la casona pasando por el laboratorio improvisado que tenían en la antigua sala de las flores de su abuelo. 

El abuelo de Annie era un apasionado por las plantas, creo que el término exacto es dendrofilia, y había tenido casi un centenar de ellas en esa misma sala antes de morir. Era la sala de las flores como Annie siempre la había llamado. A pesar de que todas se marchitaron cuando su abuelo falleció, la sala no había perdido su esencia, pues estaba repleta de cuadros impresionistas de un pintor ruso llamado Oleg Trofimov que el abuelo de Annie había comprado en una subasta años atrás. En la exposición del pintor había todo tipo de paisajes, pero él solo se había interesado en aquellos con motivos florales. Así que en realidad el laboratorio seguía siendo la famosa sala de las flores, solo que estas estaban pintadas al óleo sobre un lienzo.

Annie y Eric continuaron hasta la cocina y allí se sentaron a charlar mientras se calentaban un té y sacaban algo de comer. Desde hacía un mes Eric frecuentaba la casa de Annie a diario, al principio la excusa era el proyecto de Annie, luego se hizo evidente que la causa de sus visitas era otra. Y Annie no sabía cómo sentirse al respecto. 

Eric era un hombre de complexión alta y fuerte. Tenía los músculos de los brazos y abdomen bien definidos, Annie nunca lo había visto sin camiseta pero las que llevaba eran tan ceñidas a su cuerpo que no hacía falta para saberlo. Su piel estaba bronceada todo el año y contrastaba con el verde claro de sus ojos. Pero lo que resultaba más atractivo era su acento. De ascendencia italiana Eric Amaglio tenía el acento más sexy que Annie jamás hubiera escuchado. 

Lo normal en cualquier chica sería querer acostarse con él y quien lo conociera mejor, incluso casarse. Era todo un galán. Era inteligente, tenía un buen trabajo por lo que también un buen sueldo, era atento, respetuoso y endemoniadamente guapo. Pero Annie no era una chica normal. Su mayor preocupación era el proyecto y una relación de cualquier tipo con Eric lo estropearía todo. No podrían volver a concentrarse en el trabajo sin pensar en quitarse las ropas y si la relación se convertía en algo serio y algo salía mal, perdería a su única ayuda. 

No sabía qué hacer, así que pensó que lo mejor sería no hacer nada. Dejó que Eric preparara la cena, al fin de cuentas, la casona era ya como su segunda casa de tantas veces que había estado en ella. Algunas veces se quedaban trabajando hasta tan tarde que a Annie le daba pena que se fuera en coche a esas horas y le preparaba la cama de la habitación de invitados. Todas esas veces había refrenado el impulso de levantarse e ir hasta su habitación. Que Annie no sea como el resto de chicas no significa que deje de ser una chica.

Aunque de haber ido, no hubiera ocurrido nada. Eric le hubiese preguntado si estaba segura, ella hubiera dado marcha atrás pensando en su proyecto y se habría vuelto a ir a su habitación. Eric no era ningún aprovechado, ella lo sabía y era una de las cosas que más le gustaban de él. Junto con su acento italiano hablando francés. Eso era insuperable.

Esa noche cenaron unas berenjenas rellenas que Eric había preparado desde esa mañana, tomaron un vino tinto español y charlaron hasta casi el alba. Entonces la pareja de botánicos fue hasta el jardín y se sentó en el balancín de madera a contemplar el amanecer con una copa de vino en la mano que había sido rellenada varias veces esa noche por varias botellas. Y mientras salía el sol, en un estado de semi embriaguez, ambos se miraron a los ojos mientras su asiento se balanceaba, se besaron.

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   Esta historia es parte de la iniciativa del blog Katherina's Thoughts llamada Blogs Colaboradores. Yo escribo, otra persona me lee, comenta y reseña esta historia en su blog y a cambio yo también comento en el suyo. Así de fácil. Mi historia se llama Cerezas en marzo y la encargada de reseñarme es +A. Turquoise. El siguiente capítulo saldrá la siguiente semana, espero que este os haya gustado. Para estar al día de esta historia o cualquier otra cosa que escriba:




Cuadro de Oleg Trofimov que aparece en la historia, no creo que pudiera ser el favorito del abuelo de Annie porque no es una flor, jajajaja. Pero sí es uno de mis favoritos.

Cerezas en marzo - Primer capítulo [Blogs colaboradores]

5/3/15


Diciembre 1989

Corría el año 1989 cuando Annie Lombard se quedó una noche trabajando hasta tarde en su proyecto. Annie era una chica alta, de constitución delgada, pelo castaño y largo y ojos marrones. Lo cierto es que era bastante atractiva, aunque a ella eso no le importara.

Hacía dos años que se había licenciado en Botánica y llevaba todo ese tiempo investigando algo revolucionario que cambiaría el mundo. Hasta ahora los países tenían que importar grandes toneladas de productos de otros países porque en los suyos estaban fuera de temporada, pero Annie creía conocer la forma de cultivar lo que se quisiera en el momento que se quisiera y lograr que esto germinara. 

Era algo complicado, necesitaba mucho trabajo y no tenía apoyo de sus profesores ni colegas de profesión. Y lo que quería hacer era algo nuevo que nunca nadie había hecho antes así que su investigación más bien era una libreta llena de apuntes tachados, de fórmulas fallidas y de errores. Pero no se desanimaba. Annie no lo veía como fracasos, solo como pequeños pasos que le indicaban el camino correcto.

Pero como todo en la vida, a veces necesitamos un respiro. Por muchas ganas que le pusiera a su trabajo, había veces que solo quería cerrar los ojos y olvidarse de formulas químicas de una vez por todas. Meses atrás había tenido una pequeña crisis nerviosa que casi la convence para abandonar. Pero había logrado recomponerse y no estaba dispuesta a sobreesforzarse y correr el riesgo de volver a tener otra crisis. Así que ahora se tomaba muy en serio sus descansos.

Esa noche hacía calor, era curioso porque estábamos en el mes de diciembre en el oeste de Francia y en esa época lo que suele hacer es mucho frío. Pero hacía calor y le apetecía salir a dar una vuelta por su granja.

Annie heredó la granja de su abuelo cuando este falleció. Bueno, en realidad la heredó su madre que vive en la ciudad con su nuevo marido. Pero cuando Annie terminó sus estudios quiso mudarse a la granja. La granja es en realidad una casona con varias habitaciones, a la derecha estaban antiguamente las escuadras que ahora son invernaderos y a la izquierda es donde su abuelo cultivaba algunas frutas y verduras. Especialmente cerezas, aunque había que esperar a los meses de junio y julio para que empezaran a madurar. 

Cuando Annie se mudó a la casona también era diciembre. No tenía ni idea de cómo empezar su proyecto y necesitaba experimentar con algo. Entonces fue cuando se le ocurrio la idea de usar los cerezos que tenía plantados su abuelo. Y la idea de que estuvieran fuera de temporada y ella pudiera acelerar el proceso natural de crecimiento de la fruta, la entusiasmaba. Pero hasta ahora no lo había conseguido. En cambio, cuando las cerezas finalmente pasaban del color amarillo al burdeos, Annie se llevaba una desilusión al darse cuenta de que no sabían a nada. Las cerezas habían perdido su sabor al ser alteradas.

Su paseo por la granja, entre los invernaderos vacíos, la llevó a pensar en alguien en quien no había pensado desde hacía años. En Eric. Eric era un compañero suyo de clase, unos cuatro años mayor que ella y que había estudiado anteriormente Genética. Concretamente Genética Vegetal. De pronto Annie sintió una chispa de alegría dentro de ella, quizás era él lo que estaba buscando, la respuesta a sus preguntas, la solución a sus años de intentos fallidos.

No tenía ni idea de cómo contactar con él. No recordaba su apellido y ni siquiera sabía si la iba a ayudar. Eso la devolvió a la realidad y apagó esa chispa de alegría. Volvió a entrar de nuevo en la casa cuando empezó a llover y se fue a dormir.

El día siguiente amaneció con un cielo gris encapotado, había llovido toda la noche y Annie juraría que escuchó algún trueno a lo lejos. Pero la tormenta ya había pasado y no había ninguna razón para no coger el coche e ir a la ciudad a hacer la compra. 

Para ganarse la vida Annie transcribía libros a ordenador. Sobre todo libros ciéntificos. Antes de estudiar una carrera había hecho un curso intensivo de mecanografía y ahora que los ordenadores parecían ser máquinas indispensables para casi cualquier persona, parecía lógico que una empresa se interesara en ella para que le almacenara cuantos más libros mejor en sus discos duros.

Además, la madre de Annie no soportaba ver a su hija en aquella casona vieja y solitaria y le enviaba al mes cierta cantidad de dinero que la ayudaba a llegar a fin de mes. 

Mientras Annie esperaba en la cola para pasar su compra y pagar, pudo escuchar la voz de una mujer llamándola. Se giró y vio a su amiga Tya corriendo hacía ella.

– ¡Annie! – gritó la mujer de pelo rubio una vez más.
– ¡Tya! Cuánto tiempo sin verte, estás estupenda – mintió Annie por cortesía. 

Lo cierto es que su amiga había ganado mucho peso, se había cortado su melena ondulada y tenía dos manchas negras bajo sus ojos que indicaban que hacía noches que no dormía bien. Tya se había divorciado recientemente, algo que estaba muy mal visto y que había avergonzado a su familia. Después del divorcio se mudó a un piso cerca del trabajo y comenzaron los rumores de que se estaba viendo con otro hombre. Todo eso sumió a Tya en una depresión de la que salió gracias a la ayuda de amigas como Annie, por eso ahora Annie intentaba hacerla sentir mejor, aunque fuese con falsos cumplidos.

– Gracias, la verdad es que sí que ha pasado tiempo, ¿tú cómo vas? – preguntó Tya pasándole la mano por el brazo a su amiga.
– Bien, bueno, ya sabes, estancada con lo de siempre...
– ¿Las cerezas?
– Las cerezas... – confirmó Annie y la señora que estaba en la cola detrás de ellas las miró indiscretamente, incrédula de que el problema de Annie fueran unas cerezas. – No logro avanzar nada, cuando creo haber solucionado una cosa, resulta que otra sale mal. Ya no sé qué hacer. He pensado en abandonar muchas veces, pero no quiero rendirme tan rápido.
– Cariño, llevas dos años, eso no es rápido. Quizás sea hora de pasar a otra cosa.
– Quizás... ayer estuve pensando en Eric, ese chico que estudió con nosotras, ¿sabías que también estudió Genética?
– ¡Claro! Eric Amaglio, era muy amigo de... mi ex-marido – dijo Tya casi en un susurro.
– ¿Le conoces?
– Bueno, tengo su número.

El ex-marido de Tya y Eric también se conocían de la universidad aunque no estudiaron nunca juntos. Muchas veces Eric fue invitado a casa de Tya a cenar, ella preparaba la comida y servía la mesa para luego escuchar largas charlas sobre fútbol. Y a veces era al revés y eran ellos los que iban a cenar a casa de Eric, por eso se conocían y ella tenía su número. Pero lo cierto es que nunca intercambiaron muchas palabras. 

Annie volvió a casa esa tarde con el número de teléfono de Eric y la promesa a su amiga de que quedarían para comer al día siguiente. 

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   Esta historia es parte de la iniciativa del blog Katherina's Thoghts llamada Blogs Colaboradores. Yo escribo, otra persona me lee, comenta y reseña en su blog y a cambio yo también comento en el suyo. Así de fácil. Mi historia se llama Cerezas en marzo y ya os podréis imaginar el porqué del título. El siguiente capítulo saldrá la siguiente semana, espero que este os haya gustado. 

Iniciativa Blogs Colaboradores - Cerezas en marzo

1/3/15

¡Hola, hola! Tal y como me propuse a principio de año (sí, soy de ese 0,1% de la población que intenta cumplir sus propósitos de año nuevo) estoy escribiendo un mínimo de tres entradas al mes. Pero sé que habrá meses en los que no tenga inspiración o tiempo para ponerme a escribir, por eso cuando vi la iniciativa de mi ex-madrina no pude resistirme y me apunté. Esto me animará a escribir, me dará nuevas ideas y como hay fechas límites me ayudará a ponerme las pilas. 

La idea consiste en publicar un capítulo de una historia cada semana. La historia debe tener un elemento común para todos los participantes y deben de tratar un tema en específico (todo ello muy bien explicado aquí y aquí). Yo estoy en la lista de ESCRITORES pero también hay una lista de RESEÑADORES que significa que habrá otra persona que lea y comente esta historia que luego reseñará en su blog. Y a mí me ha tocado A. Turquoise. (¡Hola Ana, espero que te guste la historia!).

Probablemente os traiga el primer capítulo el martes o el miércoles. Pero quería dejaros esta entrada aclaratoria y la sinopsis de la historia con su portada antes de empezar a publicar ^^



Hasta entonces Annie solo había sido una chica de pueblo licenciada en Botánica. Pero nunca nadie la había respetado por ninguno de sus logros, es más, era considerada como un bicho raro, una "friki", pero eso no molestaba en absoluto a Annie. Su aislamiento social le proporcionaba la tranquilidad y la paz necesarias para trabajar en su nuevo proyecto que desde su perspectiva, iba a cambiar el mundo. Y su éxito trajo consigo mucho más de lo que ella esperaba, trajo todos los fantasmas de su pasado que ella creía superados.



Un besito,
nos leemos.

P.D: Gracias a todos por esa cifra de 100 seguidores tan bonita :)
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